Una planta de interior se está muriendo. Explícale por qué tiene que vivir

Se dio cuenta del crimen que había cometido cuando todo comenzó a arder. Las llamas arrasaron en unos segundos lo que había creado en esos últimos años y, de repente, escuchó un estallido brusco que le dejó un intenso pitido en su corazón. Tenía la esperanza de que todo fuera un accidente con solución, una especie de pesadilla de la que no podía despertarse. Sin palabras, repleto de impotencia, intentó explicar su sensación en la hoja de una planta escribiendo que se le había congelado el corazón.

En ese momento tuvo claro que la planta de interior era una paradoja de su relación. Había cuidado más a su flor que a la compañera de boca perfecta, piernas de escultura y corazón generoso con la que compartía vida. La planta brotaba verde, brillante y con un vigor especial. Por el contrario, su relación acababa de sufrir un ictus emocional que le dejó en estado vegetal. Tan vegetal como el bonsai.

Una ingeniosa canción sintetiza que todo lo que termina, termina mal. Y si no termina, se contamina más. Pero hay situaciones en las que uno se cree más fuerte, complejo y listo de lo que realmente es. Pensó que podía recuperar su amor y abrió su corazón como nunca antes lo había hecho.

Fue capaz de transformar las cenizas de un amor muerto y prender de nuevo un incendio pasional que tenía como vínculo de unión a nuestro protagonista, la planta de interior que ahora se estaba muriendo.

Cada día iba a regar el bonsai con la esperanza de recuperar su mejor versión y seguir salvando su relación. Si la planta se mantenía con vida, su amor seguiría candente. Valía la pena regarla y abonarla con todo su empeño y cariño para mantener vivo el símbolo de su relación , volver a ilusionar a su chica y demostrar que había cambiado.

Con la planta en casa, él tenía una coartada perfecta para verla y hacerla sentir feliz. La situación le enseñó que no hay mejor manera de arrepentirse que cambiar. Y vaya si cambió, aunque ella ya no le creía ni contaba con su confianza.

En este caso, la canción tenía raźón. La planta murió y la llama del amor se apagó. Como moraleja aprendió que siempre regaría el jardín del amor y se propondría hacer felices a los demás para seguir siendo él feliz. Antes de dormirse escribió una carta sin remite a la planta fallecida. Decía lo siguiente:

“Tienes que vivir para demostrarme que la vida es aprender, perdonar, compartir y sentir. Es posible resucitar. Es posible rectificar. Es posible.”

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