Eres un astronauta. Describe cómo sería un día perfecto

No hay día que no me arrepienta de haber conocido a Elon Musk. Nadie antes me había persuadido como él. Hace ya 164 días que acepté participar en una expedición secreta a Marte de la mano de su empresa Space X con el objetivo de colonizar el planeta vecino y salvar la especie humana.

Estoy en Marte. Vivo solo en la estación espacial de la compañía y me faltan más de 250 días para regresar a mi hogar.  Los días en Marte son largos. Cuando explico la sensación a los científicos americanos me contradicen e indican que los días son siempre iguales, de 24 horas y 39 minutos para ser exactos, y que la diferencia astronómica entre las jornadas es imperceptible para mí y que debería concentrarme en explorar y averiguar indicios que nos ayuden avanzar en la investigación.

Siempre les contesto que me gustaría verlos a ellos aquí.  Vivo entre cuatro paredes elaboradas con materiales que no conocía. Dentro de la estación siempre hay una sensación agradable, hace más calor que frío por lo que me encuentro bastante cómodo. Me despierto tarde, sin despertador y sin ningún tipo de prisa. Las tareas que me marca la compañía pueden hacerse en menos de cuatro horas por lo que tengo mucho tiempo libre.

He descubierto que el tiempo libre sin libertad no sirve para mucho.  Sin embargo, afronto con una actitud positiva el día a día y he inventado un universo imaginario que  me ayuda a ser feliz.

Nada más despertarme ordeno mi habitación. Mientras hago la cama estelar que no he podido compartir con nadie pienso en el complejo vitamínico que tengo que comer para el desayuno. Qué bien sienta la pastilla con sabor a vainilla, sin duda, lo mejor del día.

He fabricado un híbrido entre bicicleta y elíptica que me permite hacer ejercicio físico dentro de la estación. También levanto ciertos muebles para ejercitar los músculos y sentirme vivo. El sistema de hidrogenación del baño me recuerda a un baño turco y me sirve de aseo.

Después del baño realizo las tareas en una intensa jornada de 4 horas, sin descanso ni distracciones. Vuelvo a comer y me relajo intentando dormir. Siempre me vienen a la cabeza canciones y películas de las que me gustaría volver a disfrutar. Cada día me invento una historia en la que interpreto diferentes roles. Hay veces que soy bueno, pero confieso que suelo hacer más de malo.

Cuando me desvelo inicio una lectura sosegada y prosigo con la escritura. Me he propuesto escribir lo que estoy viviendo, pero aquí arriba no hay absolutamente nada y cuesta inspirarse.

Mientras tanto, invento y pruebo experimentos que me hacen la vida más cómoda. Espero no arriesgar demasiado ni morir de aburrimiento para volver a ver a mis seres queridos y cobrar los 200.000 dólares con los que me engatusó Musk.

Hoy estoy escribiendo sin parar y estoy contento porque sé que eres especial para mí ya que me estás leyendo y me haces compañía en la distancia, aunque sea una compañía literaria. Gracias desde Marte.

 

 

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